E s t u d i o  J u r í d i c o   I n t e g r a l                                                                             Dr. Roberto Carlos Barreiro

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"...NO TUVE MÁS REMEDIO QUE PONER LOS PIES EN POLVOROSA, SEÑORÍA"

“Poner los pies en polvorosa”. Esta expresión fue oída recientemente, de labios de un testigo, durante la celebración de un juicio en la Audiencia Provincial de Madrid. “Señoría”, dijo el testigo, “visto lo visto, no tuve más remedio que poner los pies en polvorosa”. 

Todo el mundo entendió, que las circunstancias y su sentido común, se pusieron de acuerdo para huir precipitadamente del lugar en el que se encontraba para no perjudicar su seguridad personal. 

De acuerdo con una primera versión, la frase tiene su origen en la nube de polvo que solía formarse en los viejos caminos cuando alguien pasaba por ellos a toda velocidad. 

Una segunda versión remite el origen de la frase, “poner los pies en polvorosa”, a una importante batalla librada contra los árabes en el siglo IX de nuestra era. 

El último rey de Asturias –o el primer rey de León, según se mire- Alfonso III, conocido como el Magno, se vio obligado a librar una difícil y cruenta batalla contra las tropas de sarracenos enviadas por el emir de Córdoba. 

El lugar donde sucedió fue un punto cercano al río Órbigo, en la actual provincia de Palencia. En concreto, sobre los campos de Polvorosa, o Pulveraria, como se denominaban en latín. 

De acuerdo con la historia, el rey Alfonso III se vio favorecido por un eclipse, que facilitó su ataque por sorpresa sobre los árabes, lo que devino en una gran victoria. Los árabes huyeron precipitadamente, o, para ser más exactos: “pusieron los pies en polvorosa”. 

Una tercera versión dice que la frase nació de la jerga de la que hacían uso los delincuentes de los siglos XVI y XVII. En la llamada “germanía”, la lengua de los “germanos”, es decir de los hermanos, polvorosa quería decir calle. 

¿Cuál es el origen más fiable de esta frase: poner los pies en polvorosa? Según el escritor Esteban Giménez, erudito y autor de la obra “Del dicho al hecho”, la más probable es la versión del rey Alfonso III de León y su victoria sobre los sarracenos. 

Sin embargo, otros estudiosos, como José María Iribarren, Julio Casares y Pancracio Celdrán, consideran que es más fiable y verdadera la tercera versión, la que dice que polvorosa es el nombre que recibe el camino o senda en el lenguaje de los delincuentes de los siglos XVI y XVII. Era costumbre, en aquel entonces, la sustitución de un sustantivo por un adjetivo que expresara una cualidad principal. 

La calle, en aquella época, recibía el nombre de polvorosa en alusión al polvo que abundaba en el camino. Y la frase se refiere a la polvareda que el delincuente levanta cuando huye, con el producto de sus robos, o para huir de alguien que le ha identificado.

Sea como fuere, es una frase con solera.

 

Fuente: Estudio juridico Argentino Español

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